
Los niños pueden darle mucha vida al enlace
Una boda es un evento que se prepara con tantísima antelación y cuidado que en los foros relacionados con el tema encontramos opiniones sobre prácticamente todo. Hasta el último prespunte del vestido de novia es motivo de debate, y la red se ha convertido en un lugar donde los consejos e ideas fluyen como la espuma. Gente en la misma situación o que ya ha pasado por un enlace matrimonial vierte su sabiduría y opinión para ayudar a que todas las bodas sean perfectas. Y es que cualquiera que lo haya vivido sabe hasta qué punto es importante que ese día sea perfecto.
Entre los múltiples hilos abiertos que nos regala la web, hay uno muy ligado a la temática de este blog: niños y bodas. Dos conceptos que aparentemente no deberían dar problemas, a pesar de lo difícil de su relación. No obstante, al parecer la polémica está servida. Hay quien, consciente de lo mal que suena, defiende que una boda no es el entorno adecuado para un niño. Y hay quien, obviamente, acusa de egoísta a quien mantiene esta postura y asegura que precisamente ellos son los encargados de dar color y vida a la ceremonia. Recordemos, por ejemplo, que en muchos casos son los encargados de llevar las arras y tienen una participación muy activa en el evento.
Hoy queremos trasladaros a vosotros el debate de la red, exponiendo algunos motivos a favor y en contra. Por supuesto, os invitamos a opinar y decir la vuestra. Empezamos con los motivos en contra, la postura menos políticamente correcta. Un niño es un niño y una boda es una ceremonia adulta. Le obligamos a pasar pasar muchas horas quieto y sentado, con una ropa que no le resulta muy confortable. Y es que un salón de banquetes no es lugar para corretear, y ni mucho menos una iglesia, juzgado o ayuntamiento. Pero como la espontaneidad de una criatura se considera incontrolable, hay mucha gente que opina que puede deslucir la velada. Que es más cómodo para todos que los niños se queden en casa con los abuelos o una canguro, y todos felices. Una opinión muy respetable pero con matices.
En el lado opuesto tenemos las opiniones a favor, por desgracia casi siempre surgidas más del convencionalismo social que de la reflexión. Según este posicionamiento, los niños tienen todo el derecho de acudir a este evento. Si se distraen y corretean es porque son precisamente eso, niños. Y, aún así, su presencia da vida a la ceremonia. Hoy en día, además, existen recursos de sobras para hacerle más llevadero el evento al niño. Menús infantiles o vestidos que combinan comodidad y elegancia son algunos de los ejemplos que encontraremos en páginas como Bodaclik.com. Decir, pues, que un niño puede deslucir una boda es, según los defensores de esta postura, una posición egoísta y desconsiderada con los invitados que son padres.
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